Título: Cien años de soledad.
Autor: Gabriel García Márquez.
Editorial: RAE (Real Academia Española)
Este artículo no contiene información que revele qué pasa en el libro o los famosos “spoilers”, por lo que puedes leerlo sin riesgos.
Es bien conocido que todas las cosas tienen su tiempo, que hay situaciones que necesitan de madurez, con Cien años de soledad me pasó exactamente lo mismo.
Desde que estaba en los primeros semestres en la Universidad quería leerlo, incluso recuerdo haberlo sacado de la biblioteca municipal, pero en aquel momento no me atrapó. Después, me lo regaló una tía, hace como diez años, y de nuevo, lo relegué a un rincón de mi librero. Paso el tiempo y un día escuchando la canción de Oscar Chávez, Macondo, que habla precisamente del libro, decidí que era momento de empezar a leerlo.
Y así fue como me adentré en Macondo, en sus tardes bochornosas, en el calor asfixiante, pero también en la lluvia sin fin.”Cien años de soledad” relata la vida de Los Buendía, una familia que se establece en Macondo, un pueblo que habrá de vivir numerosas aventuras junto con sus habitantes. José Arcadio Buendía y Úrsula son la pareja que da vida a la estirpe que vive, goza, sueña y muere en Macondo.
Macondo es al mismo tiempo vida y muerte, un pueblo testigo de la vida de sus habitantes, de sus pasiones, de sus amores no correspondidos, del sufrimiento, de la lujuria y del castigo.La vida en Macondo parece repetirse, replegarse, expandirse, como si de un corazón se tratará, pulsa y vibra al compás de la vida, de los acontecimientos, de las balas pérdidas, de las guerras, de los derroches, del desenfreno, del recato y la rectitud.
Macondo es el aire tibio y caliente, las gotas de lluvia, las lágrimas, la alegría de vivir y la prisa por morir; es la frontera entre la realidad y la fantasía. Es también la plataforma para todos los artilugios y novedades de los gitanos, de la explotación de la compañía bananera, del abuso de poder y de tomar las armas para defender lo propio, los ideales, los sueños y la familia.
Macondo es también el público de diversas notas musicales, de bailes, invitaciones, lugar de santos y villanos, de niños y ancianos.Es la línea divisoria entre este mundo y el otro, de tal suerte que de tanto mezclarlos se disuelven en uno solo.
Si aún no han leído “Cien años de soledad”, se los recomiendo ampliamente, pero, si no es su momento, esperen, ya llegará.
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